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(2-2) Y ahora a callar bocas

(2-2) Y ahora a callar bocas

El Málaga saco un punto de Anoeta pero vuelve a cuajar una excelente actuación. Ahora espera al Madrid para cerrar el curso

Qué bonito es el fútbol cuando hay ganas de hacerlo bonito. Y si no te juegas nada, más aún. Porque te permite ser una versión de ti mismo que otras veces te resulta imposible. En esa liga está el Málaga, en la de quien soltó tanto lastre que los pies se le van solos hacia el cielo.

Para situarnos, el escenario del partido ante la Real Sociedad. Hace dos meses habría sido una escabechina. Con los de Eusebio jugando por Europa, con futbolistas soberbios y que saben lo que hacen. Y, encima, adelantándose. Los ingredientes de un partido en el que se deshacía el Málaga cual azucarillo. 

Sin embargo ahora todo es felicidad. La soltura le lleva a la osadía y los golpes se traducen en razones para levantarse más fuerte. La Real tuvo más y mejores ocasiones, pero su gol fue dañino Porque llegó de penalti, penalti que no era de Keko a Illarra. Justo después de una acción sobre Sandro que, siendo igual de rigurosos, también habría sido pena máxima.

Tras el gol de Xabi Prieto desde los once metros, el Málaga tuvo unos segundos de desconcierto, pero sabiéndose liberado, como decíamos, no dudó en seguir buscando la portería rival. Y llegó el empate con naturalidad y con un toque de laboratorio.

Un córner en el que se buscó a Juankar fuera del área. El madrileño llegó desde atrás para enganchar un zurdazo que casi tumba el larguero. El esférico rebotó en la espalda de Rulli y, con más vista y rapidez que los demás, Luis Hernández la introdujo en la portería.

Con la misma ley, el Málaga se puso por delante. Recio disparó desde casi 30 metros y marcó un golazo tremendo, imposible para Rulli, que sólo pudo ser espectador de un balón que se coló en su escuadra. Venía la Real de tener algunas ocasiones y no acertar con ninguna. 

Justo cuando más cerca parecía el triunfo del Málaga -Juankar tuvo la sentencia delante de Rulli, pero no definió- y más obtuso era el juego realista, llegó el 2-2. Además con centro de Íñigo Martínez para que cabecease Bautista a gol.

Tuvo pese a todo el 2-3 en sus pies Sandro, pero el portero de la Real le adivinó las intenciones en un intento de vaselina en el que el pichichi malaguista se gustó demasiado. Habría sido un dulce colofón para un partido serio del Málaga, que ya espera al Real Madrid para callar bocas.