Contenidos

Noticia

¿Cómo superar nuestras excusas y objeciones para no formarnos?

Angustias Pendón, directora académica y de proyectos en Audiolís, nos da las claves de las cuatro razones de peso para que nos formemos o reciclemos de forma continua  

¿ES REALMENTE NECESARIO QUE ME FORME DE FORMA CONTINUA?


Como hemos visto en anteriores programas, hay cuatro razones de peso para que nos formemos o reciclemos de forma continua:
- La formación es clave para quienes buscan su primer empleo o reincorporarse al mercado laboral, dado que en muchas ocasiones marca la diferencia entre las candidaturas que se postulan a una misma oferta de empleo.
- El mercado laboral es cada vez más cambiante, competitivo y exigente, por lo que para conseguir un mejor trabajo es primordial tener una actitud de formación continua y obligarnos a estar continuamente aprendiendo para no quedarnos fuera del mercado.
- Actualmente sufrimos la paradoja de que se quedan miles de puestos vacantes sin poderse cubrir, a pesar de la alta tasa de desempleo existente, debido principalmente a la baja cualificación de las personas desempleadas y/o falta de formación práctica y especializada.
- En España un 14% de las personas empleadas se encuentra en búsqueda activa de otra oportunidad laboral, siendo la tasa más alta de Europa (según un reciente estudio de la empresa de trabajo temporal Randstad), por lo que en muchas ocasiones en los procesos de selección tenemos que competir con candidatos/as que tienen una mayor experiencia laboral, por lo que tener una mayor cualificación nos ayuda claramente a que nuestra candidatura sea más competitiva

¿CUÁLES SON LAS EXCUSAS U OBJECIONES QUE MÁS HABITUALMENTE NOS PLANTEAMOS PARA NO FORMARNOS?


Las más habituales son:
No tengo tiempo. Tengo tiempo para ver mi serie favorita de Netflix, o para jugar a videojuegos, o para salir de compras, etc. Es decir, siempre hay ocasión para ampliar el tiempo de ocio, pero nunca vemos la oportunidad para sacar tiempo para formarnos.
No tengo dinero. Me puedo permitir un móvil nuevo, o ropa de temporada, o salir de copas, etc. Nos gastamos fácilmente el dinero en compras compulsivas relacionadas con ocio y nuevas tecnologías, pero nunca ahorramos para formarnos.
No me apetece. Aún tenemos la idea de la formación tradicional, o de carácter reglado, donde todo es muy teórico y con poca aplicación práctica, por eso nuestra mente etiqueta la formación como algo no apetecible, a pesar de que los formatos de formación actuales no tienen nada que ver con esos modelos de clases magistrales.
Ya tengo mucha formación. Con otras cosas, como la tecnología, nunca tenemos la sensación de tener demasiado, ni de tener lo suficiente, siempre anhelamos más. Pues igual deberíamos hacer con la formación, dado que el mercado laboral es muy cambiante, por lo que las competencias profesionales que se exigen hoy es muy probable que poco tengan que ver con las que se exijan dentro de un año, por tanto, la formación continua es casi una obligación, y nunca podemos decir que tenemos demasiada formación ni la suficiente.
Voy a esperar un tiempo, por si tengo suerte y consigo empleo. La suerte no viene sola, hay que perseguirla. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Cuando buscamos nuestro primer empleo, o reincorporarnos al mercado laboral, el tiempo es oro de verdad, no podemos dejar que pase sin más, dado que cada día que pasamos desempleados multiplica por dos el tiempo que vamos a necesitar para lograr un empleo

 



Y LAS EMPRESAS, ¿PONEN TAMBIÉN EXCUSAS U OBJECIONES PARA FORMAR A SUS EMPLEADOS?


Pues por desgracia sí que ponen excusas, y todas ellas se derivan principalmente de no ser conscientes de que:
La formación es una inversión, no un gasto. De un gasto no se espera un rendimiento futuro, y es por ello que la formación es una inversión.
La formación puede lograr un rendimiento en el futuro, puede generar un retorno positivo en la empresa (mayor productividad, reducción de costes, etc.), siempre y cuando se planifique de forma correcta (estableciendo unos objetivos al inicio de la misma, y unas mediciones periódicas para ver los resultados logrados en base a dichos objetivos).
 

¿CÓMO PUEDO AFRONTAR DE FORMA EFECTIVA MIS OBJECIONES A FORMARME?


Existen varias técnicas que nos pueden ayudar a afrontar nuestras objeciones:
Lista de pros y contras. Esta es la más conocida, nos ayuda a visualizar en una balanza todo lo que está a favor y en contra de formarnos.
Elimina objeciones con preguntas. Ej.: Si no me formo, ¿lograré reincorporarme al mercado laboral?, ¿conseguiré un puesto de trabajo mejor?, ¿a qué estoy dedicando mi tiempo libre?, ¿podría ahorrar si me doy menos caprichos durante dos meses?, ¿en qué me interesa de verdad formarme?
Transforma la objeción en una razón para formarte. Ej.: No tengo dinero para formarte, y es por ello que debo formarme, dado que me va a permitir obtener un puesto de trabajo y ganar dinero.
Reflexiona acerca de las cosas positivas que te aportará formarte. Ej.: Acceder a mi primer empleo, causar mejor impresión en las entrevistas de selección, hacer mejor mi trabajo y poder optar a promocionar, etc.
Dedica un tiempo a buscar la formación que mejor se adapte a tus expectativas. Las excusas u objeciones son debidas en muchas ocasiones al miedo al cambio o a tomar una decisión equivocada, o a insatisfacciones de experiencias anteriores. Por ello es importante que nos quitemos esos miedos, y sólo nos podemos quitar esos miedos o inseguridades si dedicamos un tiempo a decidir bien en qué queremos formarnos.

¿QUÉ PUEDO CONSEGUIR SI LOGRO SUPERAR MIS OBJECIONES A FORMARME?


Incorporarme a mi primer puesto de trabajo, en el caso de personas sin experiencia laboral.
Reincorporarme al mercado laboral, en el caso de personas desempleadas que sí tienen experiencia laboral previa.
Mejorar mi cualificación profesional y, por tanto, ni nivel de empleabilidad, por lo que mi candidatura será más competitiva para futuras vacantes a las que me quiera postular.
Tener un futuro profesional cada vez más prometedor, poder optar a vacantes mejor remuneradas y mejor posicionadas a nivel jerárquico.
Poder optar a promociones internas de mi empresa que requieran una mayor cualificación y, por tanto, poder acceder a puestos de mayor responsabilidad y mejor remunerados.