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¡Málaga, cómo no vamos a volver!

Esta sensación la has vivido antes. Suele ser algo ya habitual. Secas las lágrimas. Miras al cielo azul del paraíso que te vio nacer y sonríes. Extraño. Las lágrimas que surcan las mejillas acaban resbalando en una sonrisa a medias. Mezcla de resignación de años, de rabia contenida, de alegrías y fracasos

Muchos fracasos. Entonces, tu compañero de grada se abraza a ti, tu novia te mira con sorpresa. Tu chiquilla que juega con los papelillos que quedaron en la grada tira de tu camiseta para llamarte la atención y todos te preguntan el porqué de esa sonrisa en el preciso momento que todo se desmorona.

Y tú, amigo, amiga, sonríes porque en la miseria de la mala suerte congénita que trajeron los fenicios a este rincón del balcón prendido al mar, te acuerdas de cuando tu padre te traía agarrado de la mano por la avenida de Martiricos. Te acuerdas de ese olor inconfundible a césped de la primera vez que subiste por una bocana. Vienen a la mente las risas, los cánticos, aquella chilena, el himno de la Champions, aquel beso de la chica que te gustaba tras un gol. Los enfados y las derrotas. La vida en 90 minutos.

Y sonríes, acabas sonriendo porque el fracaso no es más que una parte de la vida y esa vida junto a los tuyos en La Rosaleda no deja de ser maravillosa. Coges a tu chiquilla en alto. Agarras la mano de tu pareja. Te abrazas con tus amigas y mirando a cielo de los que ya no están, pero estuvieron en alma siempre a tu lado entonas el Malagueños y señores como si de tu garganta saliera toda la sal de la ciudad milenaria.

Tu crío te seca las lágrimas y te come a besos, la amistad fraguada en esas gradas de cemento y escalones cortos te llevan en volandas el ánimo. La familia siempre está presente. Las banderas se agitan al viento y el blanco y el azul lo impregna todo en la variedad cromática más hermosa que existe para tus ojos. El blanco y el azul. En ese momento al que tienes al lado le dices una palabra. Volveremos. Claro que volveremos a primera dice tú amigo. No, volveremos. Al templo. A la vida. No hay otra. Viva el Málaga.