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Manu Sánchez llena el auditorio ante su proclamación como dictador de la causa

Manu Sánchez llena el auditorio ante su proclamación como dictador de la causa

El auditorio Príncipe de Asturias de Torremolinos asistió al ‘nuevo decálogo de buenas prácticas’ del Dios del humor, el buen dictador, Manu Sánchez. Un recorrido por la trama teatral entre la desidia y el hastío de un Dios, que solo se ha dedicado a mirar por los demás pero que ya es hora de mirar por él mismo.   Una comedia teatral y musical en la que el humorista y presentador de televisión de Dos Hermanas cierra la trilogía que completa con el ‘Rey Solo, mi reino por un puchero y El último Santo’.  

Es difícil hablar de una función teatral sin hacer ‘spoilers’, y mas aun cuando es una comedia, donde cada chiste ‘descubierto’ resta valor a la función.
Lo cierto es que el escenario del auditorio se encontraba sin telón de boca, con una especie de salón presidencial, una mesa presidencial con teléfonos ochenteros de dos piezas, y rematado al fondo con un balcón que presumimos que asomaba a una plaza central de alguna ciudad. Efectivamente.

Los que están acostumbrados a ver cualquier producción de Manu Sánchez, ya sea para teatro o televisión, sabemos lo que le gusta hacer y con lo que le gusta sorprender. La música juega una parte importante en cada producto que realiza; romper el hielo versionado alguna melodía muy conocida y cambiando la letra de la misma para adaptarla a las circunstancias. Un recurso muy carnavalesco.

La trama de este repaso por la historia de un buen dictador no es mas que la sensación vital que muchas veces los humanos hemos sentido. Eso de poner la otra mejilla.
El Dios, omnipotente, omnipresente, que se ha desvivido y se desvive por aquello que es su creación, su obra perfecta, y que resulta no ser tan perfecta. 

Dios es el creador del cielo y la tierra, de los mares y los océanos, de la fauna y la flora, pero tuvo su propio talón de Aquiles en la que se supone que iba a ser su obra definitiva; el ser humano.
A partir de este momento, Dios, que es un tío con mucha ‘gracia’, acepta los errores de su creación, pero también traspasa nuestra cuota de culpa a nosotros mismos, pues una cosa es que Dios te diese las herramientas necesarias para vivir bien y en paz, y que la torpeza humana la utilice para la destrucción y la desigualdad. Así pues la denuncia del hambre en el mundo, los gobiernos corruptos y secesionistas, el sexo, la monarquía, etc. Se convierten en el repertorio de la parodia.

Hasta que Dios se cansa, descuelga los teléfonos, y empuñando una copa de balón de Ginebra con Tónica, y con pepino, y con pétalos de rosas, y con semillas, y con…(en fin, un gin-tonic de los de ahora) decide soltar el clámide de Santo, para enfundarse el fajín de dictador y empuñar el báculo. Utilizar los poderes del altísimo para crear un decálogo de diez nuevos mandamientos al mas puro estilo dictatorial, pero ojo, no como esos dictadores del Siglo XX, este dictador destapa las miserias y los tabúes mas humanos para convertir aquello que es un mito, en la realidad mas absoluta. Sobre todo en su faceta como padre de todos, en el que no faltó las referencias a ‘su chico’ Jesucristo, y ‘su mayor’, Satán.

Chistes de actualidad, locales, de última hora, interrumpidos a veces por la carcajada del público y la ovación cerrada. Los que sabemos y conocemos la manera de escribir de Manu y de Chipi (el gran guionista desconocido, padre y letrista de la copla underground de La Canalla) podemos intuir por donde van los palos, y efectivamente, no defraudaron.

El final es una Oda a la vida, a el ‘¡Ahora es ya!’, a la risa, al buen humor y amor, a lo positivo…digo, que me he levantado con ganas vivir.

Ha sido genial Manu. Genial.