Se vació Los Cármenes y resonó un rugido: «¡Sí se puede!». El Granada conserva la fe tras golear al Almería en un encuentro tan vibrante como tenso, tanto en el césped como en la grada. Por momentos, un ida y vuelta que exhibió el arsenal de dos plantillas que aspiran a regresar a Primera División, aunque por ahora no entran ni en la franja de playoff. Luis Suárez y Lucas Boyé encarnaron el duelo como pistoleros, eliminado Uzuni de la ecuación a diferencia de la primera vuelta. El argentino desenfundó más rápido que nadie, certero desde el punto fatídico, y el colombiano salió escaldado, foco del rencor de la hinchada. Melero igualó la contienda nada más empezar la segunda parte, pero la intervención de Escribá, que recuperó sobre la marcha los tres mediocentros, puso los puntos a buen recaudo. Esta versión rojiblanca sí es capaz de aspirar al ascenso. Le queda sacarla a domicilio.
El voltaje fue en aumento durante el encuentro, aunque el revólver de Boyé humeó desde muy pronto. El argentino, imperial, fue el mejor del duelo, determinado a hacer que el Granada vuelva a Primera. Los rojiblancos igualaron la intensidad con que el Almería se presentó en Los Cármenes, no exentos de su tradicional apagón. Lo aprovecharon los de Rubi, que además de empatar tuvieron alguna ocasión para cambiar el signo de la cita a su favor, pero entonces actuó Escribá, esta vez sí acertado en su estrategia. Movió las piezas necesarias para contener al cuadro indálico y logró un triunfo balsámico.
No hubo mucho tiempo para tomar el pulso del duelo antes de que el argentino apretara el gatillo, aunque a Melamed le dio para sacar el guante de seda en un recorte y enroscar un disparo desviado. Fue una declaración de intenciones. El Almería entró al choque acelerado, ansioso por devorar a su rival. Se conjuró en cuanto Pepe y Vizio salieron del campo, breve su actuación musical, y empezó a embestir. El despliegue indálico, sin embargo, no perturbó a los de Escribá, gobernados por una calma inusitada al inicio, aunque al final terminaran electrizados. Tejieron con paciencia una acción de punto de cruz. Nació en la base y llegó hasta Tsitaishvili, que descargó de espuela. Boyé tocó de cara y Hongla prolongó para Stoichkov, que detectó con el rabillo del ojo el adelantamiento exterior de Rebbach. El argelino apenas pudo controlar el área, zancadilleado por Pubill nada más recibir.
A Boyé se le heló la sangre desde los once metros, con nueve dianas ya en su casillero, y al conjunto almeriense se le desencajó la mandíbula con el sopapo. Apenas vio por dónde le vino el gancho, pero el Bisonte se encargó de mantener el motor revolucionado. Corrió a la espalda de Loïc Williams, con los ojos inyectados en sangre, y se giró con violencia, pero sin acierto. El Granada dominaba, aun así, en lo que se iba contagiando del frenetismo que la cita iba adquiriendo y el ambiente se caldeaba. En el césped, por roces insuficientes para Ais Reig; en la grada, por rencor hacia Luis Suárez. El colombiano sufría el escarnio de la que un día fue su hinchada y echaba chispas, cegado por la rabia. En estas, salió Rebbach derrapando y contemporizó frente a Édgar al ver llegar al goleador nazarí en segunda línea. El argentino armó el cañón, pero fue derribado antes de conectar el golpeo. Tsitaishvili cazó la pelota suelta y logró finalizar, blando a las manos de Maximiano.
La tensión escalaba, con Boyé recibiendo golpes de todos los colores, excelso a pesar del marcaje pegajoso de Édgar. El Almería se empezó a encomendar a la imaginación de Melamed, que ofrecía vías de progreso cada vez que le pasaba el puño de la manga a la lámpara. Se escapó en una acción y pretendió cruzar el intento, taponado a ras de suelo por Loïc Williams. Ahí se rompió el duelo, por momentos un correcalles. Si aceleraba el artillero del Granada, respondía Luis Suárez con vehemencia hacia el otro lado. En la medular, el depósito se iba agotando sin control alguno, aunque todo moría en la orilla. Stoichkov se descolgaba para tratar de afilar el fútbol rojiblanco, ceniciento en sus intervenciones. Golpeó con potencia en un contragolpe, arácnido Maximiano para alejar el peligro de un manotazo y mandar el duelo al entreacto.
Todo se le torció al Granada en un parpadeo, amodorrado tras el paso por los vestuarios. Los de Rubi regresaron como si la cita no se hubiera interrumpido aún y Robertone percibió la galopada de Pubill a la espalda de Rebbach. El zaguero sirvió un pase de los que se llevan vidas por delante y Melero hizo otro a la red. Mariño puso la palma, pero sin la fuera suficiente para detener el tiro. Juego nuevo, con apagón en los de casa y las linternas, en poder de los indálicos. Se extendieron mientras los de franjas horizontales seguían sin suministro. Baptistao tensó el envío al palo más alejado, donde se elevó sin oposición Luis Suárez. El cafetero se relamió y giró el cuello como dicta el manual del delantero, pero a Mariño le creció una capa y voló para palmear. Al final, resultó que Superman sí estaba en la ciudad, más allá de la historieta de Jorge Jiménez.
El Almería crecía e iba poniendo al partido un par de capas de una pintura que no gustaban a Escribá, que sacó el bisturí. Rompió su esquema predilecto con tres mediocentros, al tablero Manu Trigueros, el primer paso de una jugada maestra. El Granada recuperó la luz y empezó a envolver a su adversario hasta cercarlo por completo, mitigada ya la sublevación almeriense. El siguiente movimiento introdujo a Rodelas, sangre fresca para dinamitar la trinchera indálica. Empezaron a gotear las llegadas granadinistas. Boyé forzó la estirada de Maximiano a la media vuelta, atento Trigueros al rechace, aunque negado del gol por Bruno Langa. Lo siguiente fue el jaque.
Se embarulló una acción en la medular y Rodelas la tocó para Gonzalo Villar, con metros por delante para iniciar el contragolpe. A su diestra se abrió Rubén Sánchez, con una alfombra en el carril, pero el murciano declinó su oferta. Levantó la mirada, clavó los ojos en la escuadra y soltó el latigazo, inalcanzable para el salto de Maximiano. Le contará como asistencia al de Alhendín, aunque la maravilla fue en su totalidad obra del mediocentro. El Almería quedó herido de muerte, aunque los nazaríes buscaron la puntilla. Lo intentó Stoichkov, de nuevo desacertado ante el luso, pero fue Miguel Rubio quien la asestó. Trigueros botó una falta, casi en la esquina, y el madrileño lo acunó en la red con un testarazo inapelable. Mate. Inyección de fe para el conjunto rojiblanco. Sigue lejos, pero, al menos, se ha demostrado que puede.
Ficha técnica:
Granada CF: Diego Mariño; Rubén Sánchez, Miguel Rubio, Loïc Williams, Carlos Neva; Giorgi Tsitaishvili (Rodelas, 77’), Martin Hongla, Gonzalo Villar, Abde Rebbach (Manu Trigueros, 61’); Stoichkov (Kamil Józwiak, 90+1’) y Lucas Boyé.
UD Almería: Luís Maximiano; Marc Pubill, Édgar, Radonavovic (Kaiky, 57’), Bruno Langa; Dion Lopy, Robertone, Gonzalo Melero (Arnau Puigmal, 87’); Leo Baptistao (Sergio Arribas, 75’), Nico Melamed (Lázaro, 75’) y Luis Suárez.
Goles: 1-0: Lucas Boyé, de penalti, min. 9; 1-1: Melero, min. 46; 2-1: Gonzalo Villar, min. 78; 3-1: Miguel Rubio, min. 84.
Árbitro: Saúl Ais Reig, del comité valenciano. Amonestó al local Martin Hongla, así como a los visitantes Luis Suárez y Dion Lopy.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 34ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes, ante 16.598 espectadores. Antes del partido, Pepe y Vizio realizaron una actuación musical. En los prolegómenos, también se guardó un minuto de silencio en memoria de Ramón Barrenechea, exjugador del Granada CF, recientemente fallecido.